Un Paseo por los Bosques Comunitarios de Soria, España

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Miembros de los Montes de Socios explican a los representantes del Consorcio ICCA su proyecto. Foto: I. Alvarez

El proyecto Montes de Socios se convirtió en el anfitrión ideal durante las jornadas organizadas por el ICCA Consortium en Valdeavellano de Tera (Soria) entre el 4 y el 7 de Octubre. De la mano de Pedro Medrano,  gerente de la Asociación Forestal de Soria y uno de sus más destacados promotores, los participantes en la asamblea del Consorcio pudieron conocer una de las iniciativas más admirables en el ámbito de la conservación en este rincón del globo.

¿Qué son los Montes de socios?

La historia de esta peculiar forma de gestión del territorio comienza a mediados del siglo XIX y se extiende hasta principios del XX, durante los procesos conocidos históricamente como desamortizaciones. El estado español, acuciado por las deudas, subastó en diferentes momentos de ese período enormes extensiones de terreno considerado en “manos muertas”, es decir desaprovechado o poco rentable, aunque en ocasiones este terreno era el sustento de un gran número de personas del mundo rural que hacían uso y cuidaban de él, a pesar de no ser los legítimos propietarios. Por este motivo muchas de estas personas que subsistían gracias a su uso sostenible se asociaron para comprar estas tierras y poder seguir unidas a ellas. Fue el nacimiento de los Montes de Socios: una herramienta para mantener su propia gobernanza ante el cambio del marco legal, una nueva forma de adaptación. Esto, como cabe suponer, no fue ni fácil ni barato: cada uno de los nuevos copropietarios, miembros del nuevo colectivo gestor, aceptó un compromiso de por vida con la tierra, en forma de hipotecas de hasta más de cincuenta años, lo que sin duda lo convertía en una inversión a futuro para el beneficio de las generaciones venideras.

Si resulta admirable el coraje de aquellas generaciones, cuyo objetivo era mantener su modo de vida y no el de acaparar hectáreas yermas,  no menos admirable es la historia de personas como Pedro Medrano. Gracias a su dedicación y compromiso y de muchos otros con la tierra de sus antepasados, hoy podemos hablar de la asombrosa rehabilitación de los Montes de Socios. Debido a la despoblación de esta zona del interior de la península ibérica, desindustrializada y a menudo ignorada por las administraciones,  los montes que con tanto esfuerzo compraron aquellos socios primigenios cayeron en el olvido durante décadas. La emigración y el abandono vaciaron las áreas rurales y amenazaron las formas de vida tradicionales con la desaparición. Pero en algún lugar entre miles de legajos en los registros oficiales aún descansaban los nombres de aquellos valientes vecinos. Solo era necesario que alguien redescubriera su valor y recuperara el esfuerzo invertido en todas estas tierras. Así fue como un grupo de personas se embarcaron en la difícil tarea de desempolvar los registros y catalogar los montes de socios y a sus propietarios, batallar ante las administraciones para evitar su enajenación, y sobre todo recuperar el espíritu de colectividad que había unido a esas personas. Conscientes de que recuperar el monte suponía no solo la generación de actividad económica en el lugar sino también arraigo y dignidad para sus pobladores, iniciaron un largo proceso para poder gestionarlo y transformar de nuevo el monte en un medio de vida al servicio de sus gentes, así como conservar sus riquezas para los que les seguirán a ellos. Y hasta la fecha lo han conseguido en mas de 46 casos distintos. Lo que a priori pudo ser una experiencia piloto se ha convertido en todo un movimiento que se está extendiendo con éxito por otras regiones del centro y norte de España.

¿Cómo se organizan?

De la gestión del monte se encarga principalmente una Junta Gestora. Se ha conseguido que se reconozca su legitimidad a partir del acuerdo de al menos diez copropietarios: hay que tener en cuenta que han pasado entre cuatro y cinco generaciones desde las desamortizaciones y que por tanto el número de descendientes de aquello socios primigenios se cuenta por centenares. Un acuerdo del total de propietarios actuales es virtualmente imposible, pero esto no supone que se margine a aquellos que no participan en la gestión, sino más bien al contrario. La misión de las Juntas es trabajar por una correcta administración del monte y tienen la obligación de velar por los intereses de los propietarios no integrados en la misma, por lo que los beneficios que se generan y que corresponden a esos socios son reinvertidos en la mejora del propio monte. El efecto llamada que han generado las Juntas Gestoras es impactante y ha posibilitado la vuelta de muchos emigrados y la reconexión con la tierra de aquellos que un día la abandonaron y sufrieron el desarraigo. El crecimiento de los montes de socios ha sido tan importante que en muchos casos se han constituido asambleas que eligen y monitorizan a las propias Juntas, en un segundo y más completo nivel de empoderamiento local.  Las Juntas Gestoras se han convertido en un increíble dinamizador de la economía y la riqueza cultural de estos lugares a la vez que en un instrumento imprescindible para la conservación de sus recursos naturales. Comunidad, gobernanza y conservación; los tres pilares que definen una ICCA afianzándose con fuerza en el corazón de la península ibérica en pleno siglo XXI.

Antonio J. Lucena – Universidad de Cadiz

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Vista panorámica de los bosques en Soria.

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